El teléfono no había parado de sonar aquella tarde, mas ella lo había ignorado en todo momento. Tenía una jaqueca que le hacía pensar que pronto su cabeza se partiría en dos, y el constante ring-ring del artefacto no le ayudaba en nada a calmar ese dolor. Lo desconecto y se fue al baño, sin lugar a dudas una ducha le ayudaría a aliviar sus malestares. Se metió en la regadera y dio el agua, el tibio líquido la hizo sentir mejor apenas tocó sus sienes. Suspiro con delicadeza liberando todo el cansancio que tenía acumulado por el excesivo trabajo de aquellos días. –De todas las ciudades del mundo tenías que escoger esta para trabajar. Padre me dijo que sería mejor Europa, ¿Por qué no lo hice caso?- Volvió a suspirar, ahora masajeándose la cabeza para acallar el dolor. –¡Esto no puede ser verdad!-Exclamo irritada.-¿Cómo es posible que no me dejen tranquila ni un día?- Cortó el agua y saliendo a toda prisa de la ducha se encamino hasta su habitación, mojando todo a su paso. En el lugar su móvil no paraba de repicar con una de las canciones que más les gustaban. -¿Cómo conseguiste esté número?- Fue todo lo que dijo al coger el aparato y contestar la llamada. La respuesta a aquella pregunta la dejó pasmada.
¿Cómo era posible que eso fuera verdad? No, no podía ser. De seguro era un simple chantaje sin fundamentos, una sucia extorción. ¿Pero y si era verdad? Los detalles que le estaban dando eran exactos, y eso hacía todo lo demás verídico. Arrojo el móvil sobre la cama y lanzo un grito de ira, antes de arrojarse a llorar junto a su teléfono.- ¿Por qué tenían que sucederme estas cosas a mí? Con la de modelos que hay aquí, y la mayoría son mucho menos cuidadosas que yo.- Dijo entre sollozos.- Calma, calma. Esto no soluciona nada.- Se incorporó y comenzó a vestirse tan rápido como le era posible. Cuando termino arrojo dentro de su bolso el móvil, su estuche con cosméticos, los lentes de sol, y unos fajos de billetes que estúpidamente tenía guardados en el fondo de su ropero. Se calzó los tacones y tomo las llaves de su coche, luego salió a toda prisa de la casa sin siquiera haberse secado el cabello o las lágrimas.
- ¿Tengo que hacerme con esas fotos?- Murmuraba para si misma mientras conducía hacia el lugar donde habían acordado reunirse. –Esto podría acabar con mi carrera.- A punto de ponerse a llorar nuevamente por los nervios y la frustración aporreo el volante para hacer sonar la bocina del vehículo. El embotellamiento era terrible y lo peor era que ella lo sabía, pero con el apuro y lo apremiante de la situación tomo aquel camino sin darse cuenta. La cabeza comenzaba a retumbarle nuevamente, no soportaba aquello. A penas pudo estaciono en auto y se bajó raudamente. El restaurant no estaba excesivamente lejos así que podía ir caminando.
Llegó casi jadeando al lugar, y con los pies casi adoloridos por los tacones. Era una modelo acostumbrada esas cosas, pero aun así esos zapatos no eran para nada cómodos. Se arregló un poco el vestido, tomo su pelo en una coleta y se apresto a entrar en el local aun con las gafas puestas. Dentro no había poca gente así que no le costó nada dar con el tipo que la había citado allí. Fue rápidamente hasta él, tratando de pasar inadvertida y se sentó en la silla que el camarero le estaba ofreciendo. -¿Cuánto quieres por todas las copias?- Pregunto una vez que la servidumbre dejó el menú y se marchó a atender a alguien más.
¿Cómo era posible que eso fuera verdad? No, no podía ser. De seguro era un simple chantaje sin fundamentos, una sucia extorción. ¿Pero y si era verdad? Los detalles que le estaban dando eran exactos, y eso hacía todo lo demás verídico. Arrojo el móvil sobre la cama y lanzo un grito de ira, antes de arrojarse a llorar junto a su teléfono.- ¿Por qué tenían que sucederme estas cosas a mí? Con la de modelos que hay aquí, y la mayoría son mucho menos cuidadosas que yo.- Dijo entre sollozos.- Calma, calma. Esto no soluciona nada.- Se incorporó y comenzó a vestirse tan rápido como le era posible. Cuando termino arrojo dentro de su bolso el móvil, su estuche con cosméticos, los lentes de sol, y unos fajos de billetes que estúpidamente tenía guardados en el fondo de su ropero. Se calzó los tacones y tomo las llaves de su coche, luego salió a toda prisa de la casa sin siquiera haberse secado el cabello o las lágrimas.
- ¿Tengo que hacerme con esas fotos?- Murmuraba para si misma mientras conducía hacia el lugar donde habían acordado reunirse. –Esto podría acabar con mi carrera.- A punto de ponerse a llorar nuevamente por los nervios y la frustración aporreo el volante para hacer sonar la bocina del vehículo. El embotellamiento era terrible y lo peor era que ella lo sabía, pero con el apuro y lo apremiante de la situación tomo aquel camino sin darse cuenta. La cabeza comenzaba a retumbarle nuevamente, no soportaba aquello. A penas pudo estaciono en auto y se bajó raudamente. El restaurant no estaba excesivamente lejos así que podía ir caminando.
Llegó casi jadeando al lugar, y con los pies casi adoloridos por los tacones. Era una modelo acostumbrada esas cosas, pero aun así esos zapatos no eran para nada cómodos. Se arregló un poco el vestido, tomo su pelo en una coleta y se apresto a entrar en el local aun con las gafas puestas. Dentro no había poca gente así que no le costó nada dar con el tipo que la había citado allí. Fue rápidamente hasta él, tratando de pasar inadvertida y se sentó en la silla que el camarero le estaba ofreciendo. -¿Cuánto quieres por todas las copias?- Pregunto una vez que la servidumbre dejó el menú y se marchó a atender a alguien más.








