domingo, 28 de octubre de 2012

Solo una noche más.


  Apretó más el puño para que la tela de la corbata no se le escapara de entre los dedos. Aun así estiro un poco más el brazo para alejar al sujeto de su cuerpo. - ¿Ahora me dirás lo que quiero oír?, ¿o simplemente debería soltarte? -  Movió un pie para acercarse un poco más a la carniza.
-          No... No…  No me sueltes. Te… te diré todo lo que sé. – Movió la cabeza para poder mirar hacia abajo y trago saliva pesadamente al comprobar la altura a la que se encontraban.

-          -  Habla entonces. No tengo todo el día y la verdad ya me estoy cansando.- Hizo ademan de abrir la mano, y se sonrió con la expresión de susto que apareció en el rostro del otro sujeto.

-          - La bodega… Se reúnen en la bodega del muelle. Ca… Cada sábado por la noche.  Es todo lo que se.

-          - ¿Estás seguro de qué es todo lo que sabes? – Ahora movió el otro pie.

-          - S… Si… Es decir no. La puerta de enfrente esta siempre cerrada, pero por el costado derecho hay una entrada más pequeña. Por ahí llegan todos.

-          - Me parece bien. ¿vez cómo vamos progresando?- Atrajo al sujeto hacia si y estiro el otro brazo para tomar un cigarrillo desde la camisa de este.- ¿Algo más? – Agrego antes de llevarse el tabaco a la boca.

-          - No.. No señor. Eso es todo. De… De verdad. ¿Ahora podría dejarme ir?

-          - Bien. Entonces ¿tienes mechero?-  Dijo sin botar el cigarrillo d entre sus labios, antes de mirarse los bolsillos y palmotearse los con ambas manos. Iba pedirle fuego al guardaespaldas que tenía más cerca cuando escucho el sordo ruido de un cuerpo cayendo sobre un automóvil. –Creo que debí sostenerle mejor.- Dibujo una pequeña sonrisa en sus facciones y estiro la mano para que le pasaran el mechero. –Bajemos de aquí.- Dijo cuando el cigarrillo estuvo encendido. – Y que alguien llame a la policía o algo así. Díganles que fue un suicidio e invente una historia bonita para que no tenga que dar ninguna declaración.- Exhalo el humo, que fue rápidamente llevado por el viento que corría sobre la azotea, antes de ponerse a caminar. Cruzo la puerta que uno de sus guardaespaldas le había abierto y bajo por las escaleras hasta llegar frente al elevador.  Esta vez fue él mismo quien oprimió el botón para que las puertas se abrieran de inmediato, luego simplemente entro acompañado de dos guardias.

-          - ¿Llamo a su asistente Señor?- pregunto uno de los guardias.

-          - Sí. Dile que espere en mi oficina. – Entonces el guardia murmuro unas instrucciones al micrófono que tenía en la solapa, para comunicar la orden de su jefe.

-          - Señor. No debería fumar en el elevador, la ley…

-          - ¿Eres nuevo verdad?- Interrumpió bruscamente las palabras del otro guardaespaldas.  –Bueno, lo eras. Estas despedido.- Agrego secamente sin siquiera mirar a su interlocutor.  – Tuve que venir a esta ciudad buscando una oportunidad de ser alguien, desterrado por mi propio padre. He dirigido esta empresa  por tantos años que ya ni recuerdo cuando comencé, la levante desde la quiebra prácticamente. Me pelee con cuanto mafioso quiso venir a chantajearme, y hasta me convertí en uno de ello. Logre absorber otras empresas y termine por construir un holding importante. Y todo para que un maldito crio recién contratado me venga a decir que no puedo fumar en mi elevador porque una estúpida ley me lo prohíbe. –Fue alzando la voz mientras emitía estas palabras, terminando casi en un grito.- ¡Este es mi maldito edificio y aquí mando yo! – Grito esta vez.

-         -  Lo.. Lo siento Señor. No se volverá a repetir.

-         -  Claro que no. Y agradece que no te mando a matar. –Dejó caer el cigarrillo y lo apago con el pie, moviéndolo con brusquedad. - Las puertas se abrieron y se encamino hasta su despacho, siempre segundado por sus guardaespaldas. Se sentó tras su gran escritorio y se puso a revisar unos papeles. Se quedó así unos instante hasta que alzo la vista y vio al mismo guardia que había regañado. -¿Pero qué mierda haces aquí aun?. Lo observo duramente y luego volvió a hablar.- Ya que aún no te vas encárgate tú mismo de llamar a la policía. Y si lo haces mal y me metes en problemas esta vez si mandare a que te maten. Ahora desaparece de mi vista antes que decida despedirte de verdad.

-          - Señor. Su asistente está aquí. ¿Lo hago entrar? – Pregunto un guardia desde la puerta.

-         -  Por supuesto, dile que venga aquí. Por algo lo mande llamar.- Cerro la carpeta que tenía en la mano y encendió otro cigarrillo.

“Míos son el consejo y la habilidad
Mía la inteligencia, mía la fuerza
Por mi reinan los reyes
Y los príncipes decretan lo justo
Por mi reinan los reyes
Y los nobles juzgan la tierra”
                                                           Proverbios 8: 14-16

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