La almohada contra la que era aplastado su rostro le impedía respirar con
normalidad, ahogando también en parte sus gritos y sollozos. Mas daba lo mismo
cuan fuerte pudiera gritar, pues nadie seria capas de escucharle. Su madre había
salido de casa, y tardaría aun horas en volver, y como siempre sucedía en
aquellas fatídicas ocasiones, aquél monstruo se había apoderado de ella. Y
siendo ella tan solo una niña nada podía hacer para defenderse, nada más que
patalear y arañar con todas sus fuerzas; pero esto siempre resultaba siendo inútil.
- - ¡No, para… para. Detente!- Gritaba cuando
lograba reunir el aire suficiente para hacerlo. Pero sus suplicas eran respondidas
con sendas carcajadas, acompañadas de un aumento en la fuerza de las
embestidas. Todo su ser se desquebrajaba ante tal vil ataque. Pero con su
pequeño cuerpo le era imposible defenderse. Hace años que había perdido la
batalla contra su padrastro, mas él seguía empeñado en continuar con esta. Y
aunque cada vez le rogara a su madre que la llevara con ella, y que no le abandonara
en casa, nunca se atrevió a revelar la cruda verdad. El terror a la bestia que
junto a ellas vivía era mayor, por lo cual su progenitora nunca supo nada.
Aquel día había salido temprano hacia el mercado, y como era
costumbre estaría fuera todo el día. Por lo que el Monstruo tendría el camino
libre para actuar. Le acorralo en un rincón de la casa cuando intentaba
escabullirse hacia el bosque cercano. Le tomo con fuerza y le obligo a ir a la
habitación. En aquel lugar la arrojo contra la cama, y sin remordimiento alguno
le subió la falda, y le quitó la ropa interior con violencia. Todos los
intentos para detenerle fueron infructuosos. Luego se quitó los pantalones y su
propia ropa interior, para cometer el acto maléfico con el que tanto gozaba. Le
aplastó la cara contra las almohadas y comenzó a penetrarla sin piedad,
haciendo caso omiso de las suplicas de la pequeña niña. Penetraba una y otra
vez sin descansó, aumentando la fuerza en cada embestida. Desgarrando su
interior con aquel ultrajador miembro viril. De vez en cuando la Bestia se
entregaba por completo al placer que la intromisión en la intimidad ajena le producía,
y cedía un poco en la presión sobre su cuerpo. Momentos que la niña aprovechaba
para reanudar sus pataletas yen uno d ellos logro huir, tan solo para ser aprisionada
nuevamente, y obligada a ponerse de rodillas.
La virilidad fue presionada contra su boca, introduciéndose en
su totalidad en esta. Dejándola nuevamente si aire, y produciéndole arcadas. Pensó
en morderla con todas sus fuerzas y arrancarla, pero sabía que no lograría hacerlo,
y si le hundía los dientes seria golpea brutalmente. Una y otra vez su boca fue
invadida sin piedad, llenándose con la carne que en ella era introducida. El
monstruo por fin se detuvo de improviso, pero tan solo para retirar su miembro
y obligarle a desnudarse por completo.
Fue arrojada de
bruces sobre la cama, y esta vez penetrada por su trasero. Dolía un montón, haciéndole
más daño y provocando que elevara el volumen de su llanto. Mas esto solo excitaba
más a su violador, inyectando con más sangre su miembro, haciéndole más daño.
- - ¡Grita, grita tan alto como puedas perra!- Profería
entre carcajadas. Dasha no podía entender cómo es que su madre estaba con
alguien así. Aunque claro, ante ella se mostraba totalmente diferente. La Bestia
ultrajadora solo aparecía en los momentos de soledad con la niña, para perturbar
su infancia y destruir su vida. Otra de las razones por las cuales su madre jamás
sospecharía de él.
Las lágrimas producto de la fuerza de las embestidas le
empañaban los ojos, su cavidad anal dolía como si un hierro caliente fuera introducido
en ella, y le hacía gritar con todas sus fuerzas. Aun cuando luchara por
reprimir sus sollozos, pero sabía que si no lo hacía, si no gritaba cuan alto podía,
esto tardaría aún más. Pero sin duda lo que más dolía no era su cuerpo, era su
alama. Ultrajada ya desde años por aquella Bestia inmunda, carente de toda
piedad hacia ella. No sabía que había hecho para provocar aquel trato, ni mucho
menos tenía idea de cómo detenerlo. Simplemente un día habían sido reveladas
las intenciones de aquel sujeto, y le había atacado por primera vez.
Lamentablemente no fue el único ataque, pues con el paso del tiempo se fueron
repitiendo cada vez que Él tenía oportunidad.
El dolor terminaría por matarle, ya no lo soportaba más. La violencia
con la que el miembro era introducido en su interior había provocado que
comenzara a sangrar. La delicada piel de
su recto se había desgarrado y dejaba salir gotas del líquido carmesí que corría
por sus venas. Cosa que solo excitaba más y hacía reír aún más alto a su
padrastro. Le agradaba tanto verle en esa situación, que estaba por llegar al clímax
sexual.
La chica noto esto, pues nuevamente fue aminorada la presión
sobre su cuerpo, y también noto un objeto bajo su almohada. Claro ella lo había
escondido ahí. Casi inmediatamente después de que su madre dejara la casa había
tomado el cuchillo más afilado que encontrase, y lo oculto en su cama. Luego intento
huir, cosa que evidentemente no había logrado. En un acto de valentía y viéndose
ahora totalmente libre de las garras ajenas, solo seguía penetrándole ya casi
legando al orgasmo, metió la mano bajo la almohada y cogió el cuchillo. Sin
tener idea de lo que hacía se incorporó rápidamente, haciendo salir de su
interior el miembro que le ultrajaba, y girándose le asestó un golpe con el
filo del arma.
Un enorme grito acompaño a los chorros de sangre y semen que
chocaron contra su cara, y le chorrearon el cuerpo entero. Segada por la ira y
la valentía que le produjera su reciente acto, se abalanzó sobre su atacante, haciéndolo
caer de espaldas sobre el suelo. Sin perder tiempo salto de la cama y cayó
sobre el violador a horcajadas, recibiendo los chorros de sangre del miembro
mutilado sobre su intimidad. Comenzó a repartir puñaladas sobre el estómago de
este, haciendo que la sangre saltara por todos lados. Lo rasgó y abrió con sus
propias manos, para luego introducir una dentro de él y arrancarle los intestinos.
Le obligo a abrir la boca y se los metió en esta, acto seguido le rebano el
cuello. Las convulsiones que se habían apoderado del hombre se detuvieron de
pronto, ya no le quedaba vida para continuar con sus ataques.
Cuando Dasha fue consciente de lo que acababa de hacer, simplemente
se echó a llorar nuevamente. Mas los sollozos se mezclaban con la potente risa
que le invadía, y le desfiguraba el rostro. Por fin había cavado con todo eso,
ya nunca más podría volver a molestarle. Se desplomo riendo y llorando sobre el
cuerpo ajeno, y así fue como su madre la encontró cuando regreso. A la pequeña
niña de apenas ocho años desnuda y bañada en sangre, sobre el cuerpo mutilado
de su esposo. Era su primer asesinato, pero como le sucedería años más tarde al
sesgar la vida de los hermanos que nacerían de una nueva relación de su madre,
tampoco recordaría lo sucedido. No al menos que cuando despertara de aquella pesadilla
que había venido desde su pasado a atormentarle.






0 comentarios:
Publicar un comentario