jueves, 20 de septiembre de 2012

When the light goes out.


La almohada contra la que era  aplastado su rostro le impedía respirar con normalidad, ahogando también en parte sus gritos y sollozos. Mas daba lo mismo cuan fuerte pudiera gritar, pues nadie seria capas de escucharle. Su madre había salido de casa, y tardaría aun horas en volver, y como siempre sucedía en aquellas fatídicas ocasiones, aquél monstruo se había apoderado de ella. Y siendo ella tan solo una niña nada podía hacer para defenderse, nada más que patalear y arañar con todas sus fuerzas; pero esto siempre resultaba siendo inútil.

-         - ¡No, para… para. Detente!- Gritaba cuando lograba reunir el aire suficiente para hacerlo. Pero sus suplicas eran respondidas con sendas carcajadas, acompañadas de un aumento en la fuerza de las embestidas. Todo su ser se desquebrajaba ante tal vil ataque. Pero con su pequeño cuerpo le era imposible defenderse. Hace años que había perdido la batalla contra su padrastro, mas él seguía empeñado en continuar con esta. Y aunque cada vez le rogara a su madre que la llevara con ella, y que no le abandonara en casa, nunca se atrevió a revelar la cruda verdad. El terror a la bestia que junto a ellas vivía era mayor, por lo cual su progenitora nunca supo nada.

Aquel día había salido temprano hacia el mercado, y como era costumbre estaría fuera todo el día. Por lo que el Monstruo tendría el camino libre para actuar. Le acorralo en un rincón de la casa cuando intentaba escabullirse hacia el bosque cercano. Le tomo con fuerza y le obligo a ir a la habitación. En aquel lugar la arrojo contra la cama, y sin remordimiento alguno le subió la falda, y le quitó la ropa interior con violencia. Todos los intentos para detenerle fueron infructuosos. Luego se quitó los pantalones y su propia ropa interior, para cometer el acto maléfico con el que tanto gozaba. Le aplastó la cara contra las almohadas y comenzó a penetrarla sin piedad, haciendo caso omiso de las suplicas de la pequeña niña. Penetraba una y otra vez sin descansó, aumentando la fuerza en cada embestida. Desgarrando su interior con aquel ultrajador miembro viril. De vez en cuando la Bestia se entregaba por completo al placer que la intromisión en la intimidad ajena le producía, y cedía un poco en la presión sobre su cuerpo. Momentos que la niña aprovechaba para reanudar sus pataletas yen uno d ellos logro huir, tan solo para ser aprisionada nuevamente, y obligada a ponerse de rodillas.

La virilidad fue presionada contra su boca, introduciéndose en su totalidad en esta. Dejándola nuevamente si aire, y produciéndole arcadas. Pensó en morderla con todas sus fuerzas y arrancarla, pero sabía que no lograría hacerlo, y si le hundía los dientes seria golpea brutalmente. Una y otra vez su boca fue invadida sin piedad, llenándose con la carne que en ella era introducida. El monstruo por fin se detuvo de improviso, pero tan solo para retirar su miembro y obligarle a desnudarse por completo.

 Fue arrojada de bruces sobre la cama, y esta vez penetrada por su trasero. Dolía un montón, haciéndole más daño y provocando que elevara el volumen de su llanto. Mas esto solo excitaba más a su violador, inyectando con más sangre su miembro, haciéndole más daño.

-          - ¡Grita, grita tan alto como puedas perra!- Profería entre carcajadas. Dasha no podía entender cómo es que su madre estaba con alguien así. Aunque claro, ante ella se mostraba totalmente diferente. La Bestia ultrajadora solo aparecía en los momentos de soledad con la niña, para perturbar su infancia y destruir su vida. Otra de las razones por las cuales su madre jamás sospecharía de él.

Las lágrimas producto de la fuerza de las embestidas le empañaban los ojos, su cavidad anal dolía como si un hierro caliente fuera introducido en ella, y le hacía gritar con todas sus fuerzas. Aun cuando luchara por reprimir sus sollozos, pero sabía que si no lo hacía, si no gritaba cuan alto podía, esto tardaría aún más. Pero sin duda lo que más dolía no era su cuerpo, era su alama. Ultrajada ya desde años por aquella Bestia inmunda, carente de toda piedad hacia ella. No sabía que había hecho para provocar aquel trato, ni mucho menos tenía idea de cómo detenerlo. Simplemente un día habían sido reveladas las intenciones de aquel sujeto, y le había atacado por primera vez. Lamentablemente no fue el único ataque, pues con el paso del tiempo se fueron repitiendo cada vez que Él tenía oportunidad.

El dolor terminaría por matarle, ya no lo soportaba más. La violencia con la que el miembro era introducido en su interior había provocado que comenzara a sangrar.  La delicada piel de su recto se había desgarrado y dejaba salir gotas del líquido carmesí que corría por sus venas. Cosa que solo excitaba más y hacía reír aún más alto a su padrastro. Le agradaba tanto verle en esa situación, que estaba por llegar al clímax sexual.
La chica noto esto, pues nuevamente fue aminorada la presión sobre su cuerpo, y también noto un objeto bajo su almohada. Claro ella lo había escondido ahí. Casi inmediatamente después de que su madre dejara la casa había tomado el cuchillo más afilado que encontrase, y lo oculto en su cama. Luego intento huir, cosa que evidentemente no había logrado. En un acto de valentía y viéndose ahora totalmente libre de las garras ajenas, solo seguía penetrándole ya casi legando al orgasmo, metió la mano bajo la almohada y cogió el cuchillo. Sin tener idea de lo que hacía se incorporó rápidamente, haciendo salir de su interior el miembro que le ultrajaba, y girándose le asestó un golpe con el filo del arma.

Un enorme grito acompaño a los chorros de sangre y semen que chocaron contra su cara, y le chorrearon el cuerpo entero. Segada por la ira y la valentía que le produjera su reciente acto, se abalanzó sobre su atacante, haciéndolo caer de espaldas sobre el suelo. Sin perder tiempo salto de la cama y cayó sobre el violador a horcajadas, recibiendo los chorros de sangre del miembro mutilado sobre su intimidad. Comenzó a repartir puñaladas sobre el estómago de este, haciendo que la sangre saltara por todos lados. Lo rasgó y abrió con sus propias manos, para luego introducir una dentro de él y arrancarle los intestinos. Le obligo a abrir la boca y se los metió en esta, acto seguido le rebano el cuello. Las convulsiones que se habían apoderado del hombre se detuvieron de pronto, ya no le quedaba vida para continuar con sus ataques.

Cuando Dasha fue consciente de lo que acababa de hacer, simplemente se echó a llorar nuevamente. Mas los sollozos se mezclaban con la potente risa que le invadía, y le desfiguraba el rostro. Por fin había cavado con todo eso, ya nunca más podría volver a molestarle. Se desplomo riendo y llorando sobre el cuerpo ajeno, y así fue como su madre la encontró cuando regreso. A la pequeña niña de apenas ocho años desnuda y bañada en sangre, sobre el cuerpo mutilado de su esposo. Era su primer asesinato, pero como le sucedería años más tarde al sesgar la vida de los hermanos que nacerían de una nueva relación de su madre, tampoco recordaría lo sucedido. No al menos que cuando despertara de aquella pesadilla que había venido desde su pasado a atormentarle.

Abandono de golpe el abrazo de Morfeo y se acurruco en posición fetal sobre la cama, mientras se abandonaba al llanto. Desearía no haber tenido nunca ese sueño, que aunque no quería creer que fuera más que eso, en el fondo sabía que era verdad. Ahora lo recordaba todo, y lo único que deseaba era volver a olvidar.

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