domingo, 18 de noviembre de 2012

Let me see your eyes.


Aquello sin lugar a dudas le costaría caro al tipejo ese. Aprovecharse de ella no era algo fácil, y los recuerdos de su huésped aun le atormentaban estrepitosamente. Tenía que saldar aquella cuenta pendiente.  Tomó su chaqueta y se dispuso a abandonar aquel bar de mala muerte que por alguna extraña razón había visitado. Era evidente que en aquel lugar llamaría la atención de todos, no estaba acostumbrados a ver un cuerpo así en sitios como ese, y eso era lo que menos necesitaba ahora.

Las callejuelas de ese extraño barrio le recordaban cosas que ahora no era agradable saber, y que solo alimentaban esas locas ansias de venganza que comenzaban a apoderarse de ella. Cuanto tiempo encerrada, tanto tiempo sin poder hacer nada divertido. Era tiempo de hacer algo al respecto, y sacarse de paso un peso de encima. Y así, ensimismada en esos pensamientos en parte ajenos, sus pasos la llevaron hasta un nuevo lugar. Ahora todo estaba mejor construido y adornado que en las cercanías del bar. Pronto los pies terminaron por transportarla hasta la entrada de una lujosa casa, había luz así que él dueño debería estar en su interior, justo lo que deseaba. Llamo al timbre y una conocida voz le pregunto quién era y que necesitaba. La respuesta adecuada logro hacer que las rejas se abrieran dándole paso al patio, y luego hasta la puerta de la casa, que no tardo en abrirse también. Dentro estaba todo tal como lo recordaba.

-          No esperaba volver a verte. Dijo sinceramente el hombre, tras guiarla hasta el mismo sofá donde hacia tan solo unos días abusase de ella. La verdad se veía que no sabía cómo reaccionar ante aquella visita. Perfecto.

-          Es que… No sé. Solo tuve ganas de venir…  De volver a verte. – Había puesto un tono infantil capaz de seducir a cualquiera. Maximizó el efecto de sus palabras mirando tímidamente hacia el suelo, al tiempo que jugueteaba con su cabello.

-          Verme… ¿Para qué necesitabas eso?

-          Pues la verdad es que… -Mientras balbuceaba se quitó la chaqueta dejando ver algo más de la piel necesaria.- Me siento sola, y… no se a quien más recurrir. –Se puso de pie para ir a sentarse junto a su anfitrión, cuidando en todo momento de conservar una apariencia inocente.- Y tú… Tú eres a la única persona que conozco en esta ciudad. No tengo a quien más recurrir.- Concluyó estirando separa rozar tímidamente la mano del Hombre.

-          No lo comprendo. - Dijo este tras ponerse rápidamente de pie, e ir a servir dos copas de vino.- ¿Cómo es que has terminado acudiendo a mí, aun siendo la única persona que conoces acá?- Le entregó el vaso a la mujer y volvió a sentarse a su lado, esta vez un poco más alejado que antes.

-          Es que… La verdad también necesito algo de ti.- movió su cuerpo para reducir la distancias entre ambos.

-          ¿Sí? ¿Y qué es eso que necesitas de mí? – El tipo estaba estupefacto, no podía creer que ella estuviera actuando de esa forma luego de lo que le hizo. Respondía por pura inercia a las palabras de la chica.

-          Es que…- Se estiro nuevamente, pero esta vez para besarle en los labios antes de que pudiera ser rechazada. Como respuesta a su acción fue arrojada al otro extremo del sofá de inmediato.

-          ¡Estás loca, ¿Qué es lo que pretendes?! – El individuo dejó caer su copa al suelo y sin prestarle atención se marchó hacia la cocina. La chica le siguió de cerca portando su vaso.- Esto es un error, voy a llamar a la policía.

-          ¿Ahora no me quieres? – Pregunto la muchacha haciendo un puchero. – No es lo que deseabas el otro día. – Agrego deslizando el tirante de su vestido con la mano libre. Uno de sus senos saltó al instante a la vista. Cambió de mano la copa e hizo caer el otro tirante dando un paso hacia delante.


-          ¿Por qué hace esto? – Aquella voz sonaba dudosa, como si comenzar a caer en la tentación de poseer el cuerpo que ante él se ofrecía.

-          Porque me siento sola… y necesito algo de cariño. – Con un nuevo paso al frente el vestido llego hasta el suelo, y tras otro más quedo olvidado dejándola solo con la ropa interior que cubría su entrepierna.- ¿No me deseas? El tono infantil e inocente con que esa pregunta fue formulada sería capaz de hacer caer en la tentación hasta al mismísimo Papa. Entonces el hombre estiro las manos… La mujer sonrío… El vaso atravesó el aire rápidamente e impacto contra la sien derecha del tipo… la sangre se mezcló con el licor. -¡DI QUE NO ME DESEAS MALDITO DESGRACIADO!- El aturdimiento y sorpresa producto del golpe fueron aprovechados para empujarlo contra el mueble que estaba tras él. La nuca rebotó contra el y el cuello fue aprisionado por los finos y delicados dígitos de la fémina.

El rostro desencajado que le miraba sin parpadear, al tiempo que era asfixiado, aterraba al hombre. No entendía que estaba sucediendo, ni mucho menos comprendía lo que le susurraban al oído una y otra vez.

-          Di que no me deseas, di que no me deseas, di que no me deseas… - Continuaba murmurando la mujer. Aflojó una de sus manos, pero tan solo para hacer algo aun peor que cortar la respiración de su víctima. La cuchara abandonada sobre el mueble cercano le ayudaría en su propósito, y mucho. El adminiculo metálico fue introducido lenta y delicadamente en la cuenca ocular derecha, mientras no paraba de susurrar. ¡Paf!. El sordo ruido de succión le indico que acababa de crear un tuerto.  Una lastima que aquellos dos ojos ya no fuesen a estar juntos, mas eso se podía remediar. ¡Paf! Resonó nuevamente acompañado de un desgarrador grito. El aturdimiento no había permitido que el individuo sometido a la tortura fuese consciente de la primera extirpación hasta que el dolor de la segundo le despertó. –Me pregunto que habrá más abajo…- Rápidamente las cuchara fue olvidada y su lugar ocupado por un cuchillo de mesa. Arma totalmente inútil para cortar a alguien, pero eso a la chica la traía sin cuidado.

Primero la tela de la camisa y luego la piel del abdomen se rasgaron ante la continua presión del escaso filo. La fina herida que se abrió en el cuerpo adolorido del hombre no tardó en hacerse más y más grande. Pronto el sangrante musculo abdominal quedo atrás, dando paso a las viscosas entrañas. El cuchillo cayó al suelo y la mano vacía penetro el cuerpo, más salió de él portando algo. Los intestinos fueron rasgados por los despiadados jalones y luego envueltos en el cuello de su dueño, a modo de improvisada soga. La cual termino de hacer el trabajo que sus manos dejaron pendientes. Soltó el cadáver y lo vio deslizarse hasta caer de bruces en el suelo.  Sonrió ampliamente admirando su obra de arte. Ya todo estaba hecho.

Se limpió la sangre en el mismo fregadero de la cocina, tras tomar los dos ojos desde el suelo y meterlos junto con agua en un frasco. Se calzo nuevamente el vestido, y fue por su chaqueta.

-Al final no fue capaz de decir que no me deseaba.- Murmuro sonriente al entrar nuevamente en aquel bar de mala muerte, esta vez sin quitarse la chaqueta para no mostrar el frasco que bajo ella portaba. -¿Quién me va a invitar un trago?- pregunto tras sentarse en una mesa ocupada por tres hombre. Aquella noche solo estaba comenzando.

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