Aquello sin lugar a dudas le costaría caro al tipejo ese.
Aprovecharse de ella no era algo fácil, y los recuerdos de su huésped aun le
atormentaban estrepitosamente. Tenía que saldar aquella cuenta pendiente. Tomó su chaqueta y se dispuso a abandonar
aquel bar de mala muerte que por alguna extraña razón había visitado. Era
evidente que en aquel lugar llamaría la atención de todos, no estaba
acostumbrados a ver un cuerpo así en sitios como ese, y eso era lo que menos
necesitaba ahora.
Las callejuelas de ese extraño barrio le recordaban cosas
que ahora no era agradable saber, y que solo alimentaban esas locas ansias de
venganza que comenzaban a apoderarse de ella. Cuanto tiempo encerrada, tanto
tiempo sin poder hacer nada divertido. Era tiempo de hacer algo al respecto, y
sacarse de paso un peso de encima. Y así, ensimismada en esos pensamientos en
parte ajenos, sus pasos la llevaron hasta un nuevo lugar. Ahora todo estaba mejor
construido y adornado que en las cercanías del bar. Pronto los pies terminaron
por transportarla hasta la entrada de una lujosa casa, había luz así que él
dueño debería estar en su interior, justo lo que deseaba. Llamo al timbre y una
conocida voz le pregunto quién era y que necesitaba. La respuesta adecuada
logro hacer que las rejas se abrieran dándole paso al patio, y luego hasta la
puerta de la casa, que no tardo en abrirse también. Dentro estaba todo tal como
lo recordaba.
-
No esperaba volver a verte. Dijo sinceramente el
hombre, tras guiarla hasta el mismo sofá donde hacia tan solo unos días abusase
de ella. La verdad se veía que no sabía cómo reaccionar ante aquella visita.
Perfecto.
-
Es que… No sé. Solo tuve ganas de venir… De volver a verte. – Había puesto un tono
infantil capaz de seducir a cualquiera. Maximizó el efecto de sus palabras
mirando tímidamente hacia el suelo, al tiempo que jugueteaba con su cabello.
-
Verme… ¿Para qué necesitabas eso?
-
Pues la verdad es que… -Mientras balbuceaba se
quitó la chaqueta dejando ver algo más de la piel necesaria.- Me siento sola,
y… no se a quien más recurrir. –Se puso de pie para ir a sentarse junto a su
anfitrión, cuidando en todo momento de conservar una apariencia inocente.- Y
tú… Tú eres a la única persona que conozco en esta ciudad. No tengo a quien más
recurrir.- Concluyó estirando separa rozar tímidamente la mano del Hombre.
-
No lo comprendo. - Dijo este tras ponerse
rápidamente de pie, e ir a servir dos copas de vino.- ¿Cómo es que has
terminado acudiendo a mí, aun siendo la única persona que conoces acá?- Le
entregó el vaso a la mujer y volvió a sentarse a su lado, esta vez un poco más
alejado que antes.
-
Es que… La verdad también necesito algo de ti.-
movió su cuerpo para reducir la distancias entre ambos.
-
¿Sí? ¿Y qué es eso que necesitas de mí? – El
tipo estaba estupefacto, no podía creer que ella estuviera actuando de esa
forma luego de lo que le hizo. Respondía por pura inercia a las palabras de la
chica.
-
Es que…- Se estiro nuevamente, pero esta vez
para besarle en los labios antes de que pudiera ser rechazada. Como respuesta a
su acción fue arrojada al otro extremo del sofá de inmediato.
-
¡Estás loca, ¿Qué es lo que pretendes?! – El
individuo dejó caer su copa al suelo y sin prestarle atención se marchó hacia
la cocina. La chica le siguió de cerca portando su vaso.- Esto es un error, voy
a llamar a la policía.
-
¿Ahora no me quieres? – Pregunto la muchacha
haciendo un puchero. – No es lo que deseabas el otro día. – Agrego deslizando
el tirante de su vestido con la mano libre. Uno de sus senos saltó al instante
a la vista. Cambió de mano la copa e hizo caer el otro tirante dando un paso
hacia delante.
-
¿Por qué hace esto? – Aquella voz sonaba dudosa,
como si comenzar a caer en la tentación de poseer el cuerpo que ante él se
ofrecía.
-
Porque me siento sola… y necesito algo de
cariño. – Con un nuevo paso al frente el vestido llego hasta el suelo, y tras
otro más quedo olvidado dejándola solo con la ropa interior que cubría su
entrepierna.- ¿No me deseas? El tono infantil e inocente con que esa pregunta
fue formulada sería capaz de hacer caer en la tentación hasta al mismísimo
Papa. Entonces el hombre estiro las manos… La mujer sonrío… El vaso atravesó el
aire rápidamente e impacto contra la sien derecha del tipo… la sangre se mezcló
con el licor. -¡DI QUE NO ME DESEAS MALDITO DESGRACIADO!- El aturdimiento y
sorpresa producto del golpe fueron aprovechados para empujarlo contra el mueble
que estaba tras él. La nuca rebotó contra el y el cuello fue aprisionado por
los finos y delicados dígitos de la fémina.
El rostro desencajado que le miraba sin parpadear, al tiempo
que era asfixiado, aterraba al hombre. No entendía que estaba sucediendo, ni
mucho menos comprendía lo que le susurraban al oído una y otra vez.
-
Di que no me deseas, di que no me deseas, di que
no me deseas… - Continuaba murmurando la mujer. Aflojó una de sus manos, pero
tan solo para hacer algo aun peor que cortar la respiración de su víctima. La
cuchara abandonada sobre el mueble cercano le ayudaría en su propósito, y
mucho. El adminiculo metálico fue introducido lenta y delicadamente en la
cuenca ocular derecha, mientras no paraba de susurrar. ¡Paf!. El sordo ruido de
succión le indico que acababa de crear un tuerto. Una lastima que aquellos dos ojos ya no
fuesen a estar juntos, mas eso se podía remediar. ¡Paf! Resonó nuevamente
acompañado de un desgarrador grito. El aturdimiento no había permitido que el
individuo sometido a la tortura fuese consciente de la primera extirpación
hasta que el dolor de la segundo le despertó. –Me pregunto que habrá más
abajo…- Rápidamente las cuchara fue olvidada y su lugar ocupado por un cuchillo
de mesa. Arma totalmente inútil para cortar a alguien, pero eso a la chica la
traía sin cuidado.
Primero la tela de la camisa y luego la piel del abdomen se
rasgaron ante la continua presión del escaso filo. La fina herida que se abrió
en el cuerpo adolorido del hombre no tardó en hacerse más y más grande. Pronto
el sangrante musculo abdominal quedo atrás, dando paso a las viscosas entrañas.
El cuchillo cayó al suelo y la mano vacía penetro el cuerpo, más salió de él
portando algo. Los intestinos fueron rasgados por los despiadados jalones y
luego envueltos en el cuello de su dueño, a modo de improvisada soga. La cual
termino de hacer el trabajo que sus manos dejaron pendientes. Soltó el cadáver
y lo vio deslizarse hasta caer de bruces en el suelo. Sonrió ampliamente admirando su obra de arte.
Ya todo estaba hecho.
Se limpió la sangre en el mismo fregadero de la cocina, tras
tomar los dos ojos desde el suelo y meterlos junto con agua en un frasco. Se
calzo nuevamente el vestido, y fue por su chaqueta.
-Al final no fue capaz de decir que no me deseaba.- Murmuro
sonriente al entrar nuevamente en aquel bar de mala muerte, esta vez sin
quitarse la chaqueta para no mostrar el frasco que bajo ella portaba. -¿Quién
me va a invitar un trago?- pregunto tras sentarse en una mesa ocupada por tres
hombre. Aquella noche solo estaba comenzando.






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