La materia que componía el río se dejaba ver de vez en
cuando atreves de la espesa bruma, no era ningún líquido que ella hubiera visto
antes. En realidad no parecía estar en ningún estado de la materia que ella
conociese. Quizás por eso mismo se sintió enormemente atraída por esa espesa
masa. Apoyo ambas manos en el borde del bote, y se aproximó hasta casi pegar su
nariz con la superficie del río. Algo dentro de el la llamaba, algo… De pronto unas putrefactas manos surgieron
del aquella materia, y sumergieron su cabeza por completo en el agua que no lo
era.
Su padre le estaba regañando nuevamente, como solía hacer
cada vez que se enojaba con alguien más. Nuevamente no era su culpa que aquel
negocio fracasara, había hecho todo lo posible y aun así no dio resultado.
Había prestado su cuerpo para sellar el trato, mas el tipo a última hora se
arrepintió. ¿Cómo iba a ser eso culpa suya?.
-
¡¿Tu que sabes sobre hacer negocios, si todos
tus tratos se cierran gracias a que hago de puta?! –Le grito a su padre antes
de salir corriendo de la oficina. Seguramente luego pagaría caro ese
atrevimiento, pero ya estaba hecho.
La escena cambio y se vio a si misma desde arriba,
nuevamente estaba junto a su padre. Pero ahora en el estudio que poseía en
casa.
-
Ya estoy harto de tu indisciplina y
desobediencia. Si sigues así, tendré que dejar a cargo a alguien más.
-
-
¿He
trabajado tantos años para ti, y aun así piensas en dejarle tu puesto a otra
persona? – Respondió ahora desde su cuerpo.- Soy tu hija, ¿Lo recuerdas?
-
-
Me da lo mismo quien seas. Si no eres capaz de
controlarte no te dejare nada en herencia.
Era increíble como su padre aun le seguía exigiendo que
fuera como él. Sabía a ciencia cierta que le odiaba por no hacer nacido hombre,
y por eso mismo le hacía actuar como una prostituta frente a sus socios. Quería
un hijo para entrenar y convertir en el heredero de tan grandes empresas. No un
pedazo de carne al que lanzar a la entrepierna de sus asociados, para
convencerles de hacer negocios. Prostitutas podía conseguir en cualquier parte,
y mucho más baratas de lo que le había costado su hija. Y ahora amenazaba con
dejarle el control del Holding a otra persona, ni loca aceptaría eso.
Era su derecho y nadie usurpara su lugar. Suyo, le
pertenecía, a ella, solo a ella. Pero solo era una parte del pastel. Aún
quedaba competencia con tajadas más grandes, pero con líderes menos embusteros
y ambiciosos. Y esa solo era una pequeña isla, el mundo entero tenía que
conocer su nombre y vivir bajo su yugo económico. Ella… Ella misma se encargaría
de eso, llevaba tiempo haciéndolo. Se había acostado con tantas personas, había
robado documentos, falsificado otros cuantos, sonsacado información a punta de
amenazas y sobornos por tanto tiempo, que sentía desde hace mucho que la
empresa ya era de ella. Pero no era así, cosa que se podía corregir fácilmente.
Simplemente tuvo que prometer un par de cosas, que claro no iba a cumplir, y
redactar ella misma los documentos. Quizás deslizar un jugoso cheque en algún
bolsillo, o dormir con tal persona, para conseguir que eso documentos fueran
firmados. Y así ahora daba lo mismo lo que dijera su padre. Ella sería la
heredera del Chaebol tras su muerte, cosa que fatídicamente estaba tardando
demasiado. Otro simple detalle que podía ser resuelto en un pestañeo. Apretujo
la pequeña botella de veneno para evitar que la fuera a ver por casualidad, y
fue a la barra a prepararle un trago a su padre.
-
Aun me odias por ser mujer. Te duele que fuese
un hombre, no lo niegues. – Dijo mientras dejaba caer la ponzoña en la copa de
whisky. La agito levemente para mezclar los líquidos, le agrego dos hielos, y
se la llevo a su padre. Siempre le servía tragos, a él y a sus invitados, así
que su acción no tenía nada de extraño.- ¿Cuándo aceptaras que ya nunca tendrás
un hijo? Y eso es tu propia culpa… -El
hombre sentado en la butaca le miro duramente. Jamás le había gustado que le
recordaran a su difunta esposa. Presiono con fuerza el vaso y le dio un buen
sorbo. Gran error, hubiera sido mejor que se lo arrojara en la cara a su hija.
–En fin, me retiro.
Se giró y comenzó a caminar en dirección a la salida. A
mitad de camino escucho un “Aaaaah…” medio apagado, seguido del sonido del baso
al caer sobre la alfombra. Puso una expresión compungida, y abriendo las
puertas de par en par se echó a correr en busca de ayuda. Pero claro, ella
sabía que ya era demasiado tarde. El veneno había detenido el corazón de su
padre y nada se podría hacer para reanimarle.
Sintió una huesuda mano que le tomaba la nuca y tiraba de
ella hacia arriba, al instante siguiente se encontró con la cabeza nuevamente
fuera del “agua”. Caronte le había sacado de aquella sustancia. – Ya casi hemos
llegado Señorita. La otra orilla está cerca, y la fortuna que me prometió
también…






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