Dio una profunda calada a su cigarrillo, y tras subir hasta el
tope la cremallera de su chaqueta siguió caminando. El sonido de sus pasos era
hurtado por el viento que corría por el lugar, casi como amortiguando las
pisadas que daba. Las hojas de casi
secas de los árboles se amontonaban a los costados del sendero adoquinado que
estaba recorriendo, solo observadas por la luna llena siempre tan hermosa. La
escena completa parecía sacada de uno de aquellos cuentos que tanto le agrava
leer en noches como esa. Ahora mismo le gustaría estar haciendo eso, pero le
era imposible. Tenía que comprobar cierto rumor que un pajarillo chismoso había
susurrado a su oído, y deseaba con todas sus fuerzas que eso fuera una completa
mentira.
No iba creer aquellas historias sobre la chica que tanto amaba, y
con quien ya había decidido pasar el resto de sus días. No, Ella sería incapaz
de hacerle algo así. Si lo amaba de la misma forma que él hacía con ella.
Debían de ser puros cuentos de gente envidiosa de su felicidad. Nada de lo que
le habían dicho era cierto. ¿Cómo era posible que aquella dulce chica fuera a
estarlo engañando con otro hombre? Totalmente imposible.
Dio la última calada y arrojo le cigarrillo al suelo, para
apagarlo de una pisada. Conservando la calma abrió lentamente la puerta de la
verja de madrea, y se adentró en el antejardín de la casa. Las ventanas estaban
iluminadas, aunque le era posible ver hacia el interior pues las cortinas estaban
corridas. Recorriendo la distancia hasta la puerta principal de la casa, apego
su oreja a esta para intentar oír lo que sucedía en el interior. Dentro se
escuchaban las voces de dos personas, al parecer una chica y un chico. Aunque
le era imposible determinar de quienes se trataba, pues ninguna le parecía
familiar. Se separó de la puerta y se encamino hacia la parte trasera de la
casa, no era muy grande así que no se demoró casi nada en rodearla por
completo. Cuando estuvo en su lugar de destino encontró algo que le sorprendió
gratamente. Al parecer alguien había salido a tirar la basura en los
contenedores traseros, y había dejado la puerta mal cerrada. Un hilillo de luz
se filtraba por la comisura de la puerta, dejándole en claro que podía penetrar
en la casa sin ser visto. Si era verdad lo que le habían contado, y seguía
esperando que así no fuera, no debería haber nadie en la parte trasera de la
casa.
Abrió despacio la puerta, procurando no hacer nada de ruido, y
asomo la cabeza hacia el interior. Lo que parecía ser la cocina estaba
completamente desierto, así que penetro en la casa juntando la puerta tras de
él. Agachado paso camino por el lado de
los muebles, ocultando su presencia si es que alguien llegaba a entrar en la
cocina. Desde un costado le llegaron las voces, ahora más nítidas, y se mordió
el labio inferior al reconocer una de ella. No era posible, podía ser simple
coincidencia o un parecido más que notable. No iba a creer esa estupidez solo
por escuchar una voz que se pareciera. Llego hasta el sitio por donde entraban
las voces al lugar en donde estaba, y se encontró con un corto pasillo. Aun
agachado se metió en el amparado en las sombras que allí reinaban, y se acercó
hasta el lugar donde sin duda se encontraban aquellas dos personas. Enorme fue su sorpresa al asomarse en la
habitación donde desembocaba el pasillo, y ver a su amada besando a otro tipo. Al
final todo era verdad. Todos aquellos rumores que por semanas llegaron hasta sus
oídos, y que él se negaba a creer.
-
¡¿Qué significa esto?! – Grito poniéndose de
pie y entrando en la habitación completamente. La estancia estaba a medio
iluminar, pues mientras el rodeaba la casa habían bajado las luces, y encendido
un montón de velas. Sin lugar a dudas para hacer la noche más romántica.
-
¡Cariño!- Respondió asustada su mujer al
voltearse y ver de quien se trataba.- ¿Qué haces aquí? – pregunto sorprendida.
-
¡¿ Que qué hago aquí? Eso debería
preguntártelo yo a ti.- Profirió sin bajar el tono de su vos. Sonriendo un
tanto divertido el sujeto con que el que su mujer le engañaba se puso de pie, y
lo miro de arriba abajo.
-
Ahora entiendo porque quería dejarte. Entras
en las casas de los demás como un delincuente, y te pones a gritar como si de
un animal se tratase. – la voz del tipo sonaba calmada pero a la vez arrogante.
Con un todo de completa superioridad. –Ya déjate de tonterías y vete. Ella se
quedara ahora conmigo. Olvídala.- Agrego acercándose a él.
-
¡No me
digas lo que tengo que hacer. El que debe olvidarla eres tú!- Segado por la ira
y los celos que le provocaba toda aquella situación, empujo con ambas manos a
aquel despreciable sujeto. Este retrocedió un paso y recupero el equilibrio, no
sin antes pasar a llevar algunas velas. Las cuales cayeron aun encendidas sobre
la alfombra, contagiándola con en fuego de sus mechas. El tipo respondió el empujón
con un fuerte puñetazo, mientras la alfombra comenzaba a arder. -¡Te voy a
matar aquí mismo!- tras estas palabras cogió al sujeto por el cuello e intento
ahorcarlo, mientras la mujer les gritaba que por favor se detuviera. Sin que
nadie se diera cuenta las llamas comenzaban a devorar todo. Aquel acto fue
respondido de la misma forma, al tiempo que era empotrado contra una estantería
llena de libros, la cual estaba medio en llamas. La fuerza del impacto lo hizo
golpear su cabeza en contra de un grueso tomo, enviando un espasmo a todos los
músculos de su cuerpo. Razón por la cual dejo de hacer presión sobre el cuello
ajeno. Viéndose libre de las manos el tipo azotó nuevamente a Roy en contra de
la estantería, haciendo que esta se tambaleara y cayera pesadamente sobre el
cuerpo del celoso hombre.
El individuo con en el que hasta hace unos instantes se estaba
besando la mujer, alcanzo a moverse antes de que su cuerpo también quedar atrapado
bajo el pesado mueble. Y tomando a esta
por una de sus muñecas, la obligo a seguirlo. Ahora que Roy yacía bajo la
estantería se había percatado de la acción de las llamas, ya era imposible
detenerlas pues la mayoría de la casa estaba envuelta en ellas. La mujer le
dedico una última mirada y susurro “Lo siento Roy” antes de seguir a su amante
y escapar del lugar, dejándolo abandonado a su suerte. Lucho y lucho por
ponerse de pie, pero el humo ya había llegado hasta sus pulmones, y se robaba
sus fuerzas. La estructura, ahora completamente envuelta en llamas, era
demasiado pesada para levantarla en aquellas condiciones. Comprendiendo que ya
era demasiado tarde para él, simplemente dejo de forcejear y utilizo sus
últimas fuerzas en llorar.
Gruesas lagrimas por de dolor y celos brutales, rabia y profundo
resentimiento empaparon sus mejillas aliviando un poco la carne que ya
comenzaba a desfigurase por el calor. Lanzo un último y desgarrador grito antes
de que el fuego lo consumiera por completo, quitándole definitivamente la vida.
Entonces entremezclado con el humo del incendio que sus propias acciones habían
creado, una espesa masa comenzó a contraer forma. No era nada que surgiera del
material quemado, sino algo mucho peor. Eran los remanentes de su alma que
pugnaban por seguir a aquellos dos y descargar toda la ira de sus celos sobre
ellos. Era un sirviente de la oscuridad, un ente viviente que formaba parte d
esta misma. Una sombra.






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